El fin de semana pasado  fui a Arenal para pasar tiempo en las termales y las cataratas.

Arenal se encuentra en la provincia de Alajuela, distrito de La Fortuna,  al Norte de Costa Rica. En la Fortuna fue donde pasamos la mayoría de esta excursión. A pesar del hecho de que ya había ido, yo estaba súper emocionado de que mi directora me permitiera ir con mi grupo de nuevo. Esta vez me daría la oportunidad de absorber mejor la experiencia.

Al llegar a La Fortuna, nos registramos en un hotel que se llamaba “Luigi´s Restaurant and Casino”. Ahí dejamos el equipaje en las habitaciones y descansamos por una hora. Dado que estaba caliente, nosotros decidimos esperar hasta las cuatro de la tarde para ir a las termales. Los termales son capaces de alcanzar temperaturas altas durante el día. Así que era mejor que saliéramos cuando ya no estuviera tan caliente.

Un poco después, llegamos a otro hotel que se llama “The Baldi Hot Springs”. Este hotel es muy grande y lujoso; de hecho, no parecía ser un lugar que tuviera termales. Sin embargo, los guías nos llevaron atrás donde estas se ubicaban. Detrás de la entrada, había un montón de piscinas. Algunas piscinas eran más grandes que las otras. Esto era debido a los toboganes de agua. En la piscina más grande, había un tobogán de agua gigante. Mucha gente estaba deslizándose hacia abajo con mucha velocidad y fuerza. Al principio, yo tenía miedo, pero de alguna manera, encontré el coraje para hacerlo. La mejor parte era que podíamos grabar algún video para que este recuerdo fuera conservado para siempre.

Al siguiente día, todos parecían un poco agotados. Me imaginé que las termales nos dejaron muy cansados. Sin embargo, el aire todavía estaba lleno con anticipación. Aunque la catarata valía la pena, lo único que me molestaba era que hubiera muchísimas escaleras; a mi me parecía ser un laberinto sin fondo. No obstante, al pie de las escaleras, logramos ver lo que habíamos venido ver. Era increíble. Naturalmente, la vista de ella llamó mi atención. Sabía que era una de las más profundas que yo había visto en toda mi vida. Mientras que mis amigos nadaban, yo sacaba algunas fotos. Lo que recuerdo perfectamente es el sonido tranquilo de la catarata que desemboca en el río que fluía al otro lado. En ese momento, yo estaba en el paraíso.

La última parada fue en Río Fortuna. Era parecida a  la catarata que habíamos visitado anteriormente, pero más pequeña. La única diferencia era que había una cuerda que nos permitía saltar al agua, todos esperábamos nuestro turno. Al lado opuesto, había una roca grande de la que todo el mundo brincó. Afortunadamente, nadie se lastimó. Sin duda, sabía que todos se divirtieron y que estaban contentos.

En fin, es triste que este paseo haya sido nuestra última excursión. Pero yo sabía que terminaría un día. Por eso, disfruté cada momento como si fuera el último. No obstante, estuve satisfecho con esta experiencia y me alegró de que mi grupo y yo compartiéramos este tiempo juntos.

Written by Christopher Johnson, Social Media Journalist

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